Es importante, al
menos para mí, poder “descansar” del ritmo frenético en el que participamos. Es
muy útil esta capacidad; una vez calmado ya tengo una base firme sobre la que
trabajar. Y la que más me atrae, es la
de darme cuenta de lo que sucede.
Lo habitual es: hoy
he logrado estar bien, estoy en paz, etc. Pero, si sigo adelante, también tomo
conciencia de que este bien estar tiene una cara dulce, pasiva y algo
peligrosa. Puede representar un aislamiento mental y emocional que alimenta el
status quo del confort social.
Y si a esto unimos
la práctica de la aceptación sin más, definitivamente podemos respirar
tranquilamente y bendecir al cosmos por todo lo que nos ha dado.
Todo y así, sea
fácil, difícil o “gris”, la aceptación nos puede mantener una y otra vez en la
rebeldía de querer hacer las cosas siempre de la misma manera, una rebeldía en
contra de nosotros y de la sociedad, de lo que sentimos y experimentamos.
Por esto la práctica de la meditación tiene que amenazar algo. No puede
ser totalmente pacífica, sino será apenas otro producto más de la cultura
consumista.

Comentarios
Publicar un comentario