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El azar entra en escena...





El mítico Guillermo Tell, famoso por su puntería con la ballesta, un día desafió la autoridad del gobernador del cantón de Uri, Hermann Gessler. Este, como castigo, le condenó a disparar una flecha contra una manzana colocada sobre la cabeza de su hijo, prueba que Guillermo superó con éxito.
Inspirándose en este relato, el científico Max Born escribió:

“Si Hermann Gessler hubiera ordenado a Guillermo Tell que acertase a hacer blanco en un átomo de hidrógeno situado sobre la cabeza de su hijo valiéndose de una partícula alfa y proporcionándole los mejores instrumentos de laboratorio del mundo en lugar de una ballesta, toda la destreza de Tell no le hubiera servido de nada. Aceptar o errar el tiro habría sido cuestión de azar”.

Born ha sido un físico revolucionario, capaz de mostrar cómo el determinismo y la capacidad de medir las cosas, a nivel muy pequeño, no siempre funcionan con la lógica esperada.
Juntamente con Niels Bohr, Max Planck, Werner Heisenberg y Einstein, fue uno de los fundadores de la mecánica cuántica. Además, ha tenido un papel determinante en la búsqueda de la estructura filosófica para la misma.
Su principal contribución fue la interpretación probabilística de las ondas de Schrödinger, una interpretación donde el concepto de probabilidad juega el papel principal, reconociendo que en la escala atómica el comportamiento individual de las partículas es claramente indeterminado. Esto abre camino a la posibilidad de fenómenos físicos que existen sin tener causa.
En ellos, las partículas están gobernadas solamente por las leyes de la probabilidad y el azar, sin más capacidad de predicción que la que se puede hacer al apostar a la ruleta. La acausalidad era una idea que ya la tenía considerada en 1920, mucho antes incluso de interesarse por la teoría cuántica.
La probabilidad no era obviamente un tema ajeno a los físicos de la época, pero seguían convencidos de que su utilización era necesaria debido a un conocimiento incompleto del sistema físico que estudiaban y no al indeterminismo intrínseco a las leyes de la física.
Poseedor de una personalidad cálida, franca y generosa, fue siempre muy respetado por colegas y alumnos, además de comprometido con los temas sociales y un incansable luchador por la paz.
Con Einstein mantuvo una buena amistad hasta la muerte de este último en 1955. Meses después escribiría: “Soy consciente de lo que significa haber sido su amigo”.
Poseedores de ideas muy distintas relativas a la concepción física de la naturaleza, generaron a lo largo de décadas una magnífica correspondencia sobre el tema y que todavía estimulan los estudios de muchos historiadores e investigadores.

Como curiosidad final: este simpático señor también cuenta con una nieta algo famosa, la cantante pop y actriz de cine Olivia Newton-John. ¿O no os acordáis de la película Grease?


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