Debéis recordar esa
historia en la que el diablo y un amigo suyo iban caminando por la calle cuando
vieron, delante de ellos, a un hombre que se agachaba, recogía algo del suelo,
lo miraba y se lo metia en el bolsillo:
- ¿Qué es lo que ese hombre ha cogido? - preguntó el amigo.
- Un trozo de la verdad - respondió el diablo.
- Mal negocio para ti – replicó entonces su amigo.
- ¡Oh no! ¡De ninguna manera! – concluyo el diablo –
¡Ahora voy a dejar que la organice!
¡Ahora voy a dejar que la organice!
(Confesión
de un ateo budista – Stephen Batchelor)

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