"El organismo no toma decisiones. Las decisiones
son instituciones creadas por los hombres. El organismo siempre trabaja sobre
la base de preferencias". (Fritz Perls, Sueños y existencia)
“Las emociones proporcionan un medio natural para que
el cerebro y la mente evalúen el ambiente interior y el que rodea al organismo,
y para que respondan en consecuencia y de manera adaptativa”. (António Damásio,
En Busca de Spinoza)
Es imposible analizar de manera sistemática toda la
inmensa cantidad de información que recibimos día a día. Además de tedioso,
necesitaríamos mucho tiempo para deliberar, pensar, reflexionar, etc., de
manera que la búsqueda de elegir hipotéticamente la mejor solución para un
determinado problema, es un proceso que suele salir “caro”.
Y cómo consume mucha energía, la naturaleza ha tenido
que encontrar algunos atajos sobre todo en aquellos casos donde hace falta
tomar decisiones rápidas. Son capacidades fruto de la evolución biológica
realizada a lo largo de miles de años y que están detrás de la mayoría de
nuestras elecciones cotidianas.
Hoy sabemos que a la hora de tomar una decisión o
interpretar la realidad, ahorramos gran parte de este esfuerzo echando mano de
las llamadas emociones. Son reacciones que no surgen de la nada, ya que venimos
dotados de ellas desde el nacimiento. Son un elaborado sistema automatizado que
nos permite reaccionar ante el mundo, de una forma inmediata y sin necesidad de
pensar. Y contrariamente a lo que dice nuestro “sentido común”, las emociones
juegan un importante papel en nuestro proceso racional y a la toma de
decisiones, aunque, después, consideremos a lo elegido cómo únicamente una
consecuencia de nuestra capacidad de pensar analíticamente.
La alegría o la tristeza, por ejemplo, juegan un papel
fundamental en la estructuración del denominado raciocinio lógico, siendo ellas
en última instancia las que harán inclinar la balanza para esta o aquella
elección. Y lo peor, varios estudios, entre ellos los del neurólogo António
Damásio, indican que una decisión tomada sin emoción tiene gran probabilidad de
que sea equivocada.
También podemos afirmar que las emociones más que
racionales, son razonables, es decir, nos ayudan a tomar decisiones apropiadas
ya que asocian acciones o resultados que nos resulten más beneficiosos para una
situación.
Biológicamente, las emociones preceden a la razón. Pero, a
veces el corazón no quiere admitir lo que la mente ya sabe.

Habría que diferenciar la mente egoica que vive en el miedo y toma la decisión más segura aparentemente, de la mente de una persona librependadora. Anteponer mente al corazón está muy bien para los negocios, pero cuando se necesita de información externa constantemente para cualquier decisión, o para apoyar la idea que uno defiende, revela un carácter débil y suele encubrir complejo de inferioridad y ciertas dosis de cretinismo.
ResponderEliminarLas sociedades occidentales mantienen tasas intolerables de infelicidad, neuróticos generalmente toman las decisiones importantes tanto en la política como en el mundo empresarial, y ni los que creen ser los conocedores de la mente, hablando tonterías donde se les da espacio.
Así nos va. Así los Bolsonaro ganan gracias a los que no creen en nada, demasiado ruido cuando el corazón queda relegado a músculo cardíaco.