Ir al contenido principal

Extraña fusión...



Es una atracción turística en la Isla Vashon, cerca de Washington, en Estados Unidos.
La “bicicleta incrustada en un árbol” no tiene un siglo de antigüedad, como se lee en las redes sociales. Normalmente la leyenda que la acompaña dice que en 1914 un muchacho tuvo que ir apresuradamente a la primera guerra mundial, allí murió y su estimado vehículo acabó engullido por el árbol.
De hecho todo indica que la bicicleta fue abandonada a mediados de 1950 y árbol creció alrededor de ella. Un alguacil local llamado Don Puz dice que era suya, pero nadie ha podido demostrarlo a ciencia cierta.


"Un maestro zen ve a cinco de sus discípulos regresar del mercado montados en sus respectivas bicicletas. Cuando llegan al monasterio, les pregunta por qué andan en bici.
El primero responde: la bicicleta carga esta bolsa de papas. Estoy satisfecho de no haber tenido que cargarla sobre mis espaldas.
El maestro lo elogia: Eres un muchacho inteligente. Cuando seas anciano no tendrás que andar encorvado como yo.
El segundo responde: Amo observar cómo pasan los árboles y campos mientras viajo en la bicicleta. El maestro dice: tus ojos están abiertos y tú ves el mundo.
El tercero responde: Al pedalear, el universo penetra en mi mente.
El maestro dice: tu mente funcionará con la perfección con que gira una rueda recién centrada.
El cuarto responde: Pedaleando me siento en armonía con todos los seres. El maestro asiente: Estás recorriendo el sendero dorado.
El quinto estudiante responde: yo ando en bicicleta solo por andar en mi bicicleta.
El maestro se sienta en los pies de él y le dice: soy tu discípulo." (Extracto del libro "Bici-zen" del escritor argentino, Juan Carlos Kreimer).

Comentarios

Entradas populares de este blog

Meditando...

Es importante, al menos para mí, poder “descansar” del ritmo frenético en el que participamos. Es muy útil esta capacidad; una vez calmado ya tengo una base firme sobre la que trabajar.   Y la que más me atrae, es la de darme cuenta de lo que sucede. Lo habitual es: hoy he logrado estar bien, estoy en paz, etc. Pero, si sigo adelante, también tomo conciencia de que este bien estar tiene una cara dulce, pasiva y algo peligrosa. Puede representar un aislamiento mental y emocional que alimenta el status quo del confort social. Y si a esto unimos la práctica de la aceptación sin más, definitivamente podemos respirar tranquilamente y bendecir al cosmos por todo lo que nos ha dado. Todo y así, sea fácil, difícil o “gris”, la aceptación nos puede mantener una y otra vez en la rebeldía de querer hacer las cosas siempre de la misma manera, una rebeldía en contra de nosotros y de la sociedad, de lo que sentimos y experimentamos. Por esto l a práctica de la meditación tiene qu...

El azar entra en escena...

El mítico Guillermo Tell, famoso por su puntería con la ballesta, un día desafió la autoridad del gobernador del cantón de Uri, Hermann Gessler. Este, como castigo, le condenó a disparar una flecha contra una manzana colocada sobre la cabeza de su hijo, prueba que Guillermo superó con éxito. Inspirándose en este relato, el científico Max Born escribió: “Si Hermann Gessler hubiera ordenado a Guillermo Tell que acertase a hacer blanco en un átomo de hidrógeno situado sobre la cabeza de su hijo valiéndose de una partícula alfa y proporcionándole los mejores instrumentos de laboratorio del mundo en lugar de una ballesta, toda la destreza de Tell no le hubiera servido de nada. Aceptar o errar el tiro habría sido cuestión de azar”.

Un Buda muerto...

En una fría noche de invierno, un asceta errante pidió asilo en un templo. El pobre hombre estaba tiritando bajo la nieve, y el sacerdote del templo, aunque era reacio a dejarlo entrar, acabó accediendo: “Está bien, puedes quedarte, pero sólo por esta noche. Esto es un templo. No un asilo. Por la mañana tendrás que marcharte”. A altas horas de la noche, el sacerdote oyó un extraño crepitar. Acudió rápido al templo y vio que el forastero había encendido un fuego y estaba calentándose. Observó que faltaba un Buda de madera, y preguntó: “¿Dónde está la estatua?” El otro señaló al fuego con un gesto y dijo: “Pensé que iba a morirme de frío...” “Estás loco? ¿Sabes lo que has hecho? Era una estatua de Buda. ¡Has quemado al Buda!” El fuego iba extinguiéndose poco a poco. El asceta lo contempló fríamente y comenzó a removerlo con su bastón. “¿Qué haces ahora? - vociferó el sacerdote”. “Estoy buscando los huesos del Buda que, según tú, he quemado”.   Más ta...