Richard Feynman no solo fue un gran investigador, sino también un
extraordinario maestro y un hombre de personalidad poderosa: una leyenda a la
manera de Einstein. Eterno iconoclasta, muchas veces trataba a la autoridad y
al mundo académico con la misma falta de respeto que mostraba hacia el
formalismo matemático rígido, rompiendo con las reglas cuando encontraba a
estas arbitrarias o absurdas.
Feynman nunca disimulaba su desdén por los filósofos, sin embargo en su
manera de enseñar y pensar había mucho del “quehacer filosófico”, y sin
demasiadas vueltas llegaba siempre de manera directa al corazón del tema
abordado. Y si de algo no estaba seguro, abrazaba sin miedo a la incertidumbre,
argumentando que la enorme resistencia que podemos tener por aferrarnos a las
respuestas definitivas es apenas un buen alimento para las angustias.
Afirmaba que puede ser mucho más interesante vivir no sabiendo, que tener
respuestas que pueden estar equivocadas, y decía que esto no estaba en
contradicción con el pensamiento crítico y el propósito de la ciencia.
“Un científico nunca está seguro. Todos lo sabemos.
Sabemos que todas nuestras afirmaciones son afirmaciones aproximadas con
distintos grados de certeza; que cuando se hace una afirmación, la cuestión no
es si es verdadera o falsa, sino más bien qué probabilidad tiene de ser
verdadera o falsa. ¿Existe Dios? Cuando se coloca en forma de pregunta, ¿“qué
probabilidad tiene”?, se provoca una terrible transformación en el punto de
vista religioso, y por esto el punto de vista religioso no es científico.
Debemos discutir cada cuestión dentro de las incertidumbres que nos son
permitidas.
Debemos dejar sitio a la duda o de lo contrario no hay
progreso ni aprendizaje. No hay aprendizaje sin haber planteado una pregunta. Y
una pregunta requiere duda. La gente busca certezas. Pero la certeza no existe.
La gente está aterrorizada, ¿cómo puedes vivir y no saber? Pero no es raro en
absoluto. Solo piensas que sabes cómo cuestión de hecho. Muchos de tus actos
están basados en conocimiento incompleto y realmente no sabes de qué tratan, o
cuál es el propósito del mundo, ni sabes mucho de otras cosas. Es posible vivir
y no saber.”

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