“El abad de cierto monasterio Zen
quería que el techo del Salón Dharma fuera decorado con un dragón. Se pidió a
un notable pintor que hiciera el trabajo. Aceptó, pero se lamentó de no haber
visto nunca un verdadero dragón, si es que éstos existían realmente. El abad le
dijo: “No le importe no haber visto a esa criatura. Conviértase en uno,
transfórmese en un dragón viviente y píntelo. No trate de seguir el molde
convencional.” El artista preguntó: “¿Cómo puedo convertirme en dragón?”
Replicó el abad: “Retírese a sus habitaciones privadas y concentre en eso toda
su mente. Llegará el momento en que sienta que debe pintarlo. Ése es el momento
en que usted se habrá convertido en dragón y el dragón lo impulsa a darle una
forma.”
El pintor siguió el consejo del abad y, después de varios
meses de grandes esfuerzos, cobró confianza en sí mismo al verse en el dragón
que surgía de su inconsciente. El resultado fue el dragón que vemos ahora en el
techo del Salón Dharma en el Myoshinhi de Kyoto.
Feliç diada amb drac…

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